No
cometamos el error de comparar espiritualidad con seriedad, profundidad con
aburrimiento solemne. Un ser espiritual es gracioso, festivo, tierno, lúdico,
danza al ritmo de la vida, fluye con gratitud frente a la incertidumbre y se
sorprende, se extasía, celebra, abraza y ríe, sobre todo ríe.
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